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HISTORIA DEL DOBLAJE EN ESPAÑA

Se puede describir el doblaje como el arte y proceso de grabar y sustituir voces, después de su producción, de un medio cinematográfico, televisivo o radiofónico para su internalización. Consiste en sustituir los diálogos hablados por los actores en su idioma original por otros diálogos idénticos o similares en otro idioma. En el caso de los videojuegos también puede referirse al proceso de añadir voces grabadas por actores de voz (en este caso, no confundir con actores de doblaje).

En algunos países el doblaje es común en películas estrenadas en cines, series de televisión, dibujos animados y anime (o series Manga) según sea su distribución en el extranjero.

La preferencia de cada país por el doblaje o subtitulado es actualmente consecuencia directa de decisiones tomadas a finales de los años 20 y principios de los años 30. Con la llegada del sonido al cine, algunos países, principalmente por razones socio-políticas, como un nulo conocimiento de otros idiomas o un alto índice de analfabetismo (caso de España), o bien decisiones ligadas a los nacionalismos propios de la época, escogieron el doblaje como forma de fortalecimiento de identidad y un cierto control de la información.

Entre los países que escogieron el doblaje como forma principal de reproducción pública se encuentran España, Francia, Alemania e Italia. En 1928 Paramount realizó la primera prueba con The Flyer. La primera película doblada en conocerse fue "Entre la espada y la pared" (Devil and the Deep).

En España el doblaje está más generalizado desde 1932, cuando la Segunda República decidió introducirlo en Madrid y en Barcelona. El doblaje, tras la Guerra Civil Española se vio reforzado por la normativa promulgada por el Gobierno de Francisco Franco en 1941, a su vez basada en la Ley de Defensa del Idioma de Mussolini. Esta ley, adoptada en Italia, Alemania, Francia y España, tenía dos fines políticos: El nacionalismo a través de la identidad lingüística y, de forma más sutil, el control a través de la censura de las ideas extranjeras que podrían ser ajenas a los intereses nacionales. Es, por tanto, errónea la idea generalizada de que fue el Franquismo quién inventó el doblaje. Fue, más bien, un sistema que se aprovechó de su existencia y que, cuando interesó, lo manipuló para sus fines.

En los inicios del doblaje, debido a que el material con el que se trabajaba era fotográfico y no digital como hoy en día, se memorizaba previamente el texto, ensayando varias veces hasta una total perfección sincrónica y artística, para evitar perder un material que era caro. Así, doblajes como el de Lo que el viento se llevó llevaban muchas semanas de trabajo.

Con el paso de los años, la llegada del vídeo y, sobre todo, con los nuevos canales y plataformas digitales, esta técnica se sustituyó por el actual sistema por pequeños fragmentos o takes que los actores graban leyendo en el atril tras haber memorizado el ritmo (especialmente las pausas) del diálogo original. Esta nueva técnica agiliza mucho el proceso de doblaje aunque también hay quien opina que esta «mecanización» del proceso le ha restado calidad artística al mismo.

El doblaje no está exento de críticas. Los contrarios a esta práctica alegan que desvirtúan las producciones originales. Es evidente que altera la banda de origen, pero no más que una obra literaria traducida a otra lengua. No olvidemos que el doblaje es una traducción de una obra y, como tal, es un arte interpretativo con las exigencias máximas requeridas para que dicha traducción mantenga los estándares de calidad de la producción de origen. Aunque no siempre se da este resultado final, como es el caso del doblaje en España de “El Resplandor”, dándose el curioso y lamentable caso de que fue, en teoría, un doblaje “cuidado”, con dirección de Carlos Saura, escogido por el propio Kubrick, pero con actores que no eran profesionales del doblaje, pues se escogió a actores de imagen famosos en la época. Algo que, con mayor o menor fortuna, se hace recientemente con personas que, por diversas causas, son famosos en el panorama audiovisual español y son completamente ajenos al mundo del doblaje, aunque algunas producciones se salvan, como Shrek, con el dúo Cruz y Raya.

Sea como fuere, en el caso de España, el doblaje es un arte que se sigue cuidando y cuya calidad es reconocida en todo el mundo. Entrar en el debate “doblaje si o doblaje no” es una tarea compleja y, a mi juicio, irrelevante, pues, aunque es cierto que los cines en V.O. no son muchos, en la actualidad ya se puede optar por el audio original con sólo apretar un botón en su pase televisivo o en sus pases en diversas plataformas digitales. Dado su historia, su peso y su calidad, seguimos teniendo esperanzas de que el doblaje en España tenga un gran futuro.

 

Aula 51.